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China en el siglo XXI: tai chi, paro y deflación

Cuando a principio de los años setenta, el líder chino Zhou Enlai fue invitado a cenar con el presidente Nixon y se le preguntó su opinión sobre la Revolución Francesa respondió que simplemente era muy pronto para hacer un análisis. Esta frase ha sido muy debatida, ya que si bien pasó a la posteridad como que se refería a la revolución de 1789, en realidad se refería a la del 1968. La razón de la interpretación es debida a que la cultura china es la cultura más antigua del mundo, la que más entiende del ciclo económico, y la que más se apoya en el estudio de los mismos.

La dinastía Ming (1368-1644) fue la época de mayor expansión China que se conoce hasta la actual expansión moderna. La dinastía Ming comenzó en 1368 cuando, a causa de las penurias económicas que estaba viviendo el país debido a una serie de malas cosechas, un monje budista de origen campesino se levantó contra la dinastía reinante mongola. El fin de la dinastía empezó a gestarse debido a los altos costes de la guerra Imjin en Corea contra Japón (1592-1598) que trajo numerosos problemas fiscales.

“Esta apertura se asemeja a la vivida durante la dinastía Ming, sobre todo en la expansión de los lazos comerciales”

Durante la dinastía Ming, el país vivió años de crecimiento económico gracias a que se produjeron los primeros contactos comerciales entre China y las potencias occidentales del momento como Portugal y España que le abrieron rutas y mercados. Además, China se convirtió en una potencia militar ya que construyó un ejército de un millón de soldados y una flota que, bajo el mando del almirante Zheng He, fue la primera en navegar por los siete mares. Además, en este periodo se instituyó el confucionismo como teoría oficial del Estado, y para defender el imperio de los mongoles se construyó la Gran Muralla, y otras obras icónicas como el Gran Canal y la Ciudad Prohibida de Pekín.

Desde este momento hasta que Nixon y Kissinger inauguraran la llamada ‘diplomacia del ping-pong’ para propiciar el acercamiento de los dos países, China se había mantenido encerrada en sí misma. La China de hoy mantiene ciertos iconos del pasado a la vez que ha introducido nuevos elementos que estaban proscritos. Del pasado mantiene las creencias de Confucio de conocer el pasado para poder definir el futuro y la imagen del gran timonel Mao pero alejado del marxismo de los años de la Revolución Cultural Proletaria. En la China de hoy la organización política del Partido Comunista se asemeja a los principios de la China imperial en la que el emperador dictatorial de antaño ha sido sustituido por el Comité Central que se ha convertido en un emperador colegiado. La organización económica sigue los dogmas marxistas del mantenimiento de un ejercido industrial de reserva que va sacando al mercado de forma ordenada y conforme el mercado laboral lo exige. La China de hoy usa las practicas del Tai Chí Chuan en las relaciones comerciales para aprovechar la fuerza del contrario y ganar en la dura lucha del libre mercado exportando deflación y paro, e importando empleo y divisas. La China moderna ha empezado un ciclo aperturista y expansivo, y se ha convertido en una potencia económica gracias a una política autoritaria y a una económica de mercado ayudada por una moneda manipulada para ganar competitividad gracias a unas ventajas competitivas basadas en la cantidad y no en la calidad.

Esta apertura se asemeja a la vivida durante la dinastía Ming sobre todo en la expansión de lazos comerciales. En la actualidad China tiene relaciones comerciales con muchos países, pero llama la atención los acercamientos a ciertos países que se caracterizan por ser productores de materias primas de primera necesidad para China. De hecho, ciertos países en América Latina se ha convertido en el Portugal y España de la dinastía Ming. Chile sería el mayor beneficiario en el auge de China ya que casi 27% del total de las exportaciones chilenas van a China, seguido de Uruguay y Brasil. Sin embargo, estos acercamientos comerciales también van acompañado por relaciones con otros países de corte autoritarios con filosofía afines en los que la idea de libre mercado tiene un significado diferente al de países con capitalismo democrático. Este inicio del ciclo expansivo Chino, que si sigue la historia podría durar unos doscientos años, se puede convertir en una guerra económica mucho más efectiva que el maoísmo de la Revolución Cultural por la existencia un ‘dumping’ laboral y comercial excusado en el dogma de que el fin justifica los medios de modo que cuando acabe el ciclo, China podría haber acabado con el estado de bienestar europeo y podría poner de rodillas al imperio americano cambiando un unilateralismo por otro.

María Lorca-Susino es profesora del Departamento de Economía de la Universidad de Miami.

Nota completa | Cinco días

 

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